viernes, 11 de febrero de 2022

TODAS HIEREN, LA ÚLTIMA MATA

Atardecer con nubes. Inma Díaz

Experimento un deseo de valorar la vida y sus distracciones de forma más intensa a cómo lo hice hasta ahora; eso con las ocupaciones que me agradan, con las que me apasionan menos o nada, el deseo es el opuesto: ningunearlas lo más posible. O, como diría Bartleby, preferiría no hacerlas. Este libro, Bartleby el escribiente, es una joya extraña, aparentemente sin pulir, con muchas facetas, difícil, pero emocionante. Recordé ahora esta lectura, aunque no es de ella de la que quiero hablar, sino de "Un domingo en Ville-d'Avray" de Dominique Barbéris, la que me ocupa actualmente. Otra joya, es decir, libro pequeño y denso, conmovedor. 
Encuentro aquí, por primera vez, la expresión "el tiempo como herida", el sentimiento doloroso del transcurso de las horas que, una tras otra, nos van hiriendo implacablemente. Creo que así me siento yo desde hace unos años, pocos, tres quizá, más intensamente desde hace uno. Para expresar este dolor del paso del tiempo, Dominique trae a colación el recuerdo del viejo acertijo grabado en un reloj de sol romano: "todas hieren, la última mata", refiriéndose a las horas que de forma ineludible e inaplazable nos van dejando, segundo a segundo, el corazón en carne viva.

Tres manzanas cayeron del cielo, collage manual, boceto. @unalunitagranate




 

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